Ayer fué el cumpleaños de una de mis más antiguas amigas. La conocí hace cualquier cantidad de años y a través de ella, conocí "a la otra" con la cual, las tres formamos una familia y así, ayer festejamos uno más de los eventos familiares que tanto me gustan, de esos que dejan no solo un grato sabor, sino que alimentan con felicidad el corazón. No cantamos, ni bailamos, no hubieron fuegos artificiales ni mariachis... solo hubo una fácil y cómoda convivencia en la cual, entre risas e interrupciones nos poníamos al día. Estaban nuestros hijos, a quienes de alguna forma, hemos criado entre las tres ¿cómo saber si he sido una madre más dedicada, gracias a la influencia de esa madre leona, gallina y hormiga? ¿cómo saber si he sido menos controladora, gracias a la influencia de quien, que a veces sin saberlo, es practicante del "abrázalos y déjalos ir"? ¿cómo saber si alguna de mis sugerencias, lanzadas a mi estilo, como órdenes o dagas, matizaron alguna decisión que ellas tomaron?
Nos acompañaba también los esposos, quienes a través de los años han encontrado gustos comunes y disfrutan igual que nosotras.
Lo he dicho varias veces: Lo mejor de este mundo es la familia. Lo segundo mejor son las amigas. Cuando los miembros de la familia se vuelven amigos o cuando los amigos se vuelven familia ¡es la gloria! A la del cumpleaños le dejo un deseo:
Aprovecharé el día de hoy para hacer un
balance de mi vida: Reflexionar sobre mis
errores y recordar mis aciertos.
Perdonarme por los fracasos y enorgullecerme
de las victorias y comprenderé que los
errores, aciertos, fracasos y victorias
forman parte de MI historia, de MI vida…
y daré gracias por cada uno de ellos




